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Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

La batalla que se avecina

Lo que prepara Pedro Sánchez es una auténtica pelea interna en un momento de absoluta fragilidad del PSOE

Desde que Pedro Sánchez diese el golpe final a su carrera política dimitiendo como diputado, su idealismo de cara a poder ser el próximo Secretario General del PSOE sorprende enormemente, ya que parece que no es consciente de que está políticamente acabado.

Independientemente de que su breve y agitada historia política sea buen reflejo del sabio refrán de "la avaricia rompe el saco", todas sus maniobras desde su relevo al frente del PSOE han sido desastrosas de cara a su propio resurgimiento.

Y es que "la mariposa saliendo del templo" -según Iceta- debería haber optado por otra estrategia más inteligente si es que pretendía convertirse en el ave fénix socialista. Lo primero, no renunciar a su acta de diputado, dejando huérfanos a sus incondicionales, que se enfrentaron solos a la gestora en la votación del Congreso en vivo y en directo y que ahora hacen frente a las sanciones por su díscola decisión. Yo que ellos, no querría ni que me nombraran a Pedro Sánchez.

Estrategia además bastante torpe del ahora militante Sánchez si es que quería mantener cierta visibilidad e influencia entre los suyos. Lo segundo, la lamentable entrevista que concedió a continuación a Jordi Évole, y que probablemente le haya lapidado entre los cuadros medios de su partido.

No obstante, el quimérico Pedro sigue erre que erre en su estéril estrategia, y ahora prepara junto a siete barones socialistas (Francina Armengol, Luis Tudanca, Sara Hernández, Idoia Mendía, Rafael González Tovar, María Chivite y César Luena) su tercer error, la batalla contra Susana Díaz para el próximo Congreso Federal, que se prevé para junio de 2017.

Y si bien es cierto que el debate en el seno de los partidos es una sana práctica, lo que prepara Pedro Sánchez es una auténtica pelea interna en un momento de absoluta fragilidad del PSOE, que debería unir esfuerzos por afianzar una ideología reconocible, en vez de enzarzarse en luchas internas que seguro que alejarán al electorado hacia el pablismo podemita.

Por tanto, quizás nos espere otro deplorable espectáculo más desde que Sánchez se lanzó al ruedo de la alta política socialista, que en nada beneficia a un partido dividido y desnortado, que en los últimos tiempos ha distado mucho del partido socialdemócrata y con sentido de Estado de la época de Felipe González, y que ahora debería reconducirse hacia las señas de identidad de su pasado en democracia, aunque adaptado al devenir político del siglo XXI.

La prudencia de Susana Díaz y de Javier Fernández, presidente de la gestora socialista, así como de los barones que la apoyan, debería desembocar en una candidatura de consenso, que no pasase por más lamentables espectáculos, y, aunque el ahora sector oficialista del PSOE reconoce que habrá votación entre la militancia, dado el momento de excepcional debilidad por el que pasa el partido, lo más aconsejable es que Susana Díaz sea la única candidata como fruto de un acuerdo de casi todos los socialistas.

El llegar a la planta cuarta de la calle Ferraz debería convertirse en una cuestión casi de 'Estado' para los socialistas, y, por supuesto, bien lejos de los vientos de guerra que se avecinan…

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