Mirar Granada

El espejismo de la conciliación

Desde los años 90, Europa empieza a tomarse en serio las políticas de conciliación por la caída en picado de la natalidad

En nuestro país hace unos años que se ha puesto de moda la palabra "conciliación" en todas sus acepciones, sea como sustantivo, como verbo o como arma arrojadiza que echarse en cara en determinados debates. Incluso se han hecho normas y puesto en marcha iniciativas en distintos niveles, aunque lo que más se ha hecho es, como digo, poner de moda el concepto. Y eso no es bueno: cuando algo se pone de moda es fácil que se banalice y acabe por olvidarse. No hay más que pensar en los pantalones campana.

Desde los años 90 la Unión Europea empieza a tomarse en serio las políticas de conciliación por la caída en picado de la natalidad, fruto del nuevo rol público de las mujeres, incompatible con el privado. También España se unió a esa corriente aprobando en 1999 una Ley para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras. Hace más de 20 años, pero el balance no es nada satisfactorio. No puede serlo. Para que esa ley o cualquier plan que se elabore sea realmente eficaz necesita la implicación de las administraciones, de las empresas, de las familias, de los actores sociales…y la realidad es que, hasta ahora, casi todos los planes de conciliación de la mayoría de las familias descansan prioritariamente sobre la ampliación de horarios escolares.

La mayoría de familias trabajadoras de nuestro país no cuentan con planes empresariales de reducción horaria, de producción por objetivos, de teletrabajo…que les facilite la crianza o el cuidado de personas dependientes. Así que deben apañarse con echar mano a la familia (las abuelas, casi siempre) o al Plan de Acogida, las extraescolares, el comedor escolar.

Y vuelvo a la moda: seguimos hablando de conciliación, el feminismo se ha convertido en la mayor fuerza de cambio social de los últimos años, las mujeres y algunos hombres estamos consiguiendo que la igualdad de género no sea solo un eslógan. Pero no hemos logrado que los cuidados sean una responsabilidad común, no hemos logrado que la carga de la crianza o del cuidado las personas mayores se reparta al 50% en la pareja o sean una tarea colectiva a través de los servicios públicos.

Si fallan los comedores escolares, las mujeres perdemos. Si cierran los centros de día de mayores, las mujeres perdemos. Si las residencias entran en crisis, las mujeres perdemos. Si los centros educativos no abren, las mujeres perdemos. Si no hay extraescolares, las mujeres perdemos. El balance de la conciliación sigue siendo negativo a nuestro favor.

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