El río de la vida

Los jóvenes de Ganivet

En un examen a un estudiante le pedían que citara tres obras de Pedro Antonio de Alarcón y puso dos bares y un pub

Ni por asomo pensaron los escritores Pedro Antonio de Alarcón y Ángel Ganivet que sus nombres puestos en sendas placas de calle de la capital granadina serían sinónimo de fiesta, algazara y movida juvenil. En un examen escrito a un estudiante le pedían que citara tres obras de Pedro Antonio de Alarcón y puso el nombre de dos bares y el de un pub. La fama de la calle había superado a la del autor de El sombrero de tres picos. Eso fue en los años ochenta y noventa. Ahora el júbilo y la jarana están en Ángel Ganivet, a solo unos metros del Ayuntamiento. Ángel Ganivet, que despreciaba la modernidad, fue el que escribió que la crisis de fin del siglo XIX en España había sido causada por un problema colectivo: la abulia. Pero en la calle que lleva su nombre lo que menos había este pasado fin de semana era abulia. Los telediarios se han surtido estos días de un video en el que se ven cientos de jóvenes en esa zona sin contemplar las normas que se han implantado para que no prolifere el virus.

El otro día dije por la radio que la pandemia está haciendo de Granada una ciudad para quienes la habita. Es un fenómeno hermoso para los granadinos. Al no existir el aluvión de turistas, Granada ha quedado más para los que viven en ella. Es un buen momento para olvidar la globalización y pensar en lo que significa nuestro lugar en el mundo, nuestro hogar. Sin embargo, actuaciones como las que han llevado algunos jóvenes este pasado puente hacen pensar que no estamos aprovechando la ocasión que se nos presenta para pensar en una ciudad más habitable, segura y, sobre todo, solidaria. Estoy por concluir que el virus es más destructor en aquellos que no tienen cabeza y que se comportan como si esto no fuera con ellos. No sé cómo les haríamos ver a estos jóvenes que con su actitud están poniendo en peligro a personas que son más vulnerables. Distintos colectivos -entre ellos los médicos, que están hasta el gorro de que no seamos responsables- han pedido que se controlen estas situaciones y piensan que se debería de actuar con más contundencia. Por lo pronto los estudiantes ya han conseguido que se cierre la Universidad durante dos semanas. Un error porque en las aulas es donde hay más seguridad. Es en la fiesta en donde está el peligro. Se me ocurre un castigo: desenterrar la palmeta de los maestros de antes y darles en las manos y en su culo de inconscientes.

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