El río de la vida
Andrés Cárdenas
Un mendigo con baliza
Granada siempre ha sido pródiga en mendigos. En las puertas de las iglesias hay algunos, pero otros deambulan por la ciudad con la mano extendida por si cae algo que no sea agua. Cada generación de flaneurs tiene indigentes sobre los que escribir. En el siglo pasado los mendicantes eran Panduro, Paniolla, Virolio, Juanico Pocarropa, el Controles, Melgarejo o el Mananas, que se ponía medallas del salchichón en la pechera. En Jaén había uno muy famoso llamado Pepe El Largo, que vivía en la calle y siempre iba liado con una manta. Un año, con motivo de una visita de Franco a la capital, el alcalde quiso quitar a los pedigüeños de la calle, pues no eran estéticos, y los metió a todos provisionalmente en la cárcel. Tan a gusto estaba Pepe en la prisión, con su comida y techo asegurado, que cuando hubo una especie de motín de presos con algarabía incluida, se subió a una mesa y dijo con voz en grito: “¡Callaos, joer, que nos van a echar!”.
También cada escritor tiene su mendigo preferido. El mío se llama Jesús, que es manco como la estatua de Carlos V de la Plaza de la Universidad. Se pone a pedir en la Carrera de la Virgen, enfrente de El Corte Inglés. Podía ponerse al lado de la Virgen de las Angustias, pero allí tiene más competencia y, además, se ha dado cuenta de que los granadinos se persignan más ante los grandes almacenes que ante la basílica. “¡Dios mío, que este mes no sea mucho de la tarjeta!”, exclaman los que se hacen la señal de la cruz ante la gran superficie. Jesús, que hace poco perdió a su mujer, se pone allí todos los días a partir de las 7 de la mañana. Lo lleva haciendo desde hace diez años, haga frío o calor. La lluvia es lo único que le impide tomar su escaño permanente en el suelo de la Carrera. Jesús sabe que hay que estar con los tiempos. Hace poco utilizaba como reclamo una flauta travesera, pero ahora toca una melódica con la única mano que tiene. En las pasadas navidades amenizó su actividad con los acordes de varios villancicos. Noche de paz le salía de puta madre. Como cuando se pone a pedir es prácticamente de noche, a su lado instala una especie de luz roja a modo de baliza: “Vayamos a pollas y me atropelle por no verme uno de los que van en patinete o los de la máquina de limpiar del Ayuntamiento”, dice a los que le preguntan el por qué de la baliza.
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