Mirar Granada

Los minutos de silencio

Más allá de los gestos es necesario el compromiso real para combatir el machismo y sus consecuencias

En lo que va de año han sido asesinadas en nuestro país 9 mujeres, 1042 desde el año 2003. Las dos últimas fueron asesinadas el pasado 9 de febrero, una de ellas en Lugo, otra en Granada. Como una pirueta macabra del destino, nuestra vecina Ana era, además de maestra, responsable de igualdad en su centro escolar. Aunque el dolor de la cercanía de este asesinato nos enturbia el análisis, no podemos dejarnos llevar solo por las emociones.

Que sea nuestra vecina, que hayamos coincidido con ella en un curso del CEIP, que nos la hayamos cruzado al subir o bajar en el ascensor, que estuviera en el centro de Salud o en el mercado el mismo día que fuímos…todo eso añade más pena, más repulsa. Pero no puede hacernos olvidar lo principal: Ana, como las otras 1042, fue asesinada por ser mujer, por vivir en un mundo en el que todavía el machismo tiene carta de naturaleza, en el que el patriarcado establece los roles y los procedimientos. Por eso es tan importante enfrentarnos a este dolor desde dos posturas: la individual y la colectiva. Como personas individuales hemos de dejar de ver la violencia de género como un problema que solo les pasa a las otras personas o como un caso concreto de una relación insana. La violencia de género es la expresión en grado máximo de un problema que toleramos demasiadas veces: el machismo. Sin él, no habría violencia de género. En la medida en que lo toleramos, somos cómplices.

Pero también desde lo colectivo es necesario seguir trabajando. Por ejemplo, insistiendo en la urgencia de los cambios educativos, oponiéndonos con contundencia a esos inventos perversos que lo que quieren es censurar la educación democrática. Por ejemplo, exigiendo a las administraciones los recursos suficientes para prevenir y combatir cualquier muestra de machismo, asistir a las víctimas de violencia desde el primer momento, garantizar su seguridad, atender sus necesidades. Y esta tarea colectiva no es solo del Ministerio de Igualdad, que también. Todas las administraciones han de cumplir según sus competencias. No valen minutos de silencio si, al mismo tiempo, se ha desmantelado el área de igualdad del ayuntamiento (no nos olvidemos: la administración más cercana a la ciudadanía, la primera a la que acudimos) o se han reducido a la mitad los efectivos de la policía municipal destinados a proteger a las víctimas de violencia de género.

Los gestos son importantes, necesarios incluso. Pero más allá de los gestos es necesario el compromiso real para combatir el machismo y sus dolorosas consecuencias.

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