La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Irene contestada

La respuesta más contundente a esta conversa al feminismo identitario le está surgiendo de las minorías internas

Irene nos va a meter en cintura a todos. Y a todas, ojo. Ha llegado a su ministerio nuevecito e inventado a su medida con afán justiciero, maneras de Robespierre y la guillotina legal bajo el brazo. Así que mucho ojito con cualquier desliz que Irene nos vigila para que seamos como debemos ser, según ella y los suyos, claro.

El tufo a comisaria política se percibe de lejos. Irene es a la parejita Sánchez-Iglesias lo que Torquemada a los Reyes Católicos: el perro guardián de la ortodoxia del nuevo régimen y el martillo o guadaña que elimina disidencias molestas.

Pero, ay, siempre surgen respondones cuando se manda. Es ley de vida. Y lo peor no es la respuesta bastante sumisa de los machirulos de toda la vida (sí, sí, los del fútbol los domingos en el bar con su sol y sombra y su palillo en la boca que miran y remiran impúdicos y les dicen cosas a las buenas mozas y tal). No. La respuesta más contundente a esta conversa al feminismo identitario le está surgiendo curiosamente de las minorías internas, es decir, de la minoría de la minoría, las chicas transgénero que se sienten marginadas y subrepresentadas y ya van a por ellas empezando por las más veteranas feministas (a Lidia Falcón la tiene acosadita viva) y, en fin, por las feministas liberales, esas 'insolidarias pijas' de la causa igualitarista que exigen con descaro y falta de conciencia de género nada menos que poder hacer lo que les de la gana con sus vidas sin que les vengan otras mujeres a tutelar y adoctrinar en cómo llevarlas.

Como en toda distopía del tipo orwelliano, los bomberos quemalibros acaban queriendo leer aquello que perseguían con saña. El espíritu humano tiene ese fallo llamado criterio propio, valores personales indelegable que nos permite hasta poder estar hasta las narices de caudillos y salvapatrias, lleguen en alazanes y con armadura reluciente o en deportivas o vestidos de lagarterana si se terciara. Es el vicio, y el peligro, de la libertad que a tantos seduce y que tantos reclaman ahora ante el rodillo fanático de Irene y sus 'influencers' de la nueva moda al uso para consumo de las masas.

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