La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Mercadeo de datos

La mercancía es nuestra vida o su rastro digital desde el que tan fácil resulta reconstruir lo que hagamos

La identidad privada está en juego y no nos damos casi cuenta. Las empresas de la nueva economía digital han depurado hasta tal punto su sistema que somos sus trabajadores mientras creemos que nos divertimos. Si el propio usuario te hace gran parte del trabajo, tú solo tienes que ordenarlo y darle una orientación para que te sea más rentable. Esta parece ser la consigna de empresas como Youtube que negocia con los vídeos; Facebook con nuestras amistades; o Linkedin con nuestros curriculum vitae.

Empezamos a conocer esta realidad-real cuando nos enteramos de fallos en los sistemas de seguridad con robo de listados con millones de usuarios en los que figuran desde nuestros nombres hasta la foto del primo aquel que vimos en la boda del sábado.

La sociedad de la información tenía que aflorar también su propio negocio y el de la intimidad y todo lo que revela a las empresas (gustos y preferencias personales, opiniones políticas, conversaciones privadas y demás) ya está en los despachos de las grandes corporaciones como moneda de intercambio. La mercancía es nuestra vida o su rastro digital desde el que tan fácil resulta reconstruir minuto a minuto lo que hagamos.

Mientras las masas reducen la brecha digital ya surgen movimientos de usuarios que se dan de baja. Han visto la cara poco amable de lo aparentemente gratuito. Ingenuos, no sabíamos que en el capitalismo triunfal lo gratis es solo otro reclamo más para captar nuestras ganas de consumir... pagando, claro.

El despertar es lento. Un documental de los muchos que consumo últimamente sobre materias sociales avisaba sobre este espeluznante asunto. Resulta que los youtubers mejor posicionados son verdaderos jornaleros seis días a la semana saciando la voracidad de sus seguidores. Nada es espontáneo, todo es cálculo viral en lo que graban y nos enseñan, con equipos de producción y estudiada espontaneidad adaptada al medio. Un asco. Y a poco que te pongas profundo y te salgas de la patochada de tu gato o tu hijito o del porrazo te caen en picado las visitas. El reinado de lo insustancial es lo que arrasa.

Un día igual la máquina te cuenta tu vida para tu propio sonrojo. Y entonces descubrirás que ya ni te hace falta pensar o recordar. Que ella la que lo hace por ti y tú tan prisionero y tan pancho.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios