Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Templo del consumo

Tenemos por fin un lugar de vanguardia donde se unen el espíritu marbellí y el consumismo salvaje

Tiempo a que escribí una distopía que titulé Supermercado del espíritu, mi primera novela con la que sufrí tanto para publicarla como poco eco tuvo en general. Junté dos mundos antagónicos, el de la espiritualidad (en general) y el del comercio a lo bestia modalidad capitalismo triunfante, es decir, el que tenemos ahora como único modelo económico a seguir.

Nunca pensé que tardaría tan poco en ver vinculados ambos mundos en la realidad. Pero así fue con la inauguración del mastodonte adonde me acerqué por curiosidad y por comprobar si era efectivamente así el espacio donde el arzobispo que sufrimos tuvo a bien participar en los fastos inaugurales de la consagración de la verdadera religión de hoy.

Efectivamente, con su hisopo repartió gotas de agua bendita a los vip que asistieron a aquella gala en que todo era grande, lujoso, luminoso y deprimente. Sí. Tanta opulencia deprime, sobre todo si es de esa que se basa en la rotación de estanterías y la venta incansable. Ni es pía, ni es santa, ni es natural.

Está claro que el norte capitalista lo marcan no ya los Estados Unidos con su presidente vergonzante sino cada vez más el capitalismo esclavista que ha abrazado China, donde los obreros, después de casi un siglo de ser moldeados en sus conciencias para la sumisión a un poder supremo que todo lo ve, sin ni siquiera corruptelas bajo pena de tiro en la nuca, han aprendido a trabajar sin rechistar, sin contratos con derechos incómodos para comprar más hasta morir sin más literaturas. Capitalismo de Estado, a lo Singapur. Ellos exportaron su modelo esclavista y nosotros se lo premiamos con la nacionalidad si se compran un piso. Qué vulgar.

Puede que el Nevada acabe siendo el gran negocio por el que rezan los armilleros que saturan sus puestos de trabajo. Tendremos así por fin un lugar de vanguardia donde se unen el espíritu marbellí, la nueva religión del consumismo salvaje y sus nuevos siervos, todo bendecido por la moral de que si algo genera trabajo, bueno debe ser. Pues no.

Y nosotros, pues nada, a comprar, que es lo que nos queda. Resignación de consumista, ya se ve. "Comprad, comprad, malditos", podría ser el título de la peli a filmar en este gran escenario del comprar, usar y tirar. Y sentirse tan solo uno más.

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