La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

La corrupción perjudica la salud

Presiente la masa que siguen los arreglos en la trastienda, que la transición fue una comedia

En el pecado va la penitencia, y la vida. Hay que tomarse el refrán en serio después de ver lo que le han costado a Rita sus escarceos con el lado oscuro de la fuerza. Descanse en paz, que lo va a hacer, obviamente, después de una recta final que a nadie se le desearía. Menos aún, morir en las frías y solas estancias de un hotel en mitad del acoso de propios y extraños, aferrada a la poltrona que la blindaba, sin más defensa contra el oprobio, el escarnio, la picota, que un blindaje en el Senado que no le dio la impunidad que buscaba con la inmunidad que le quitaron para entregarla a las fauces del Supremo después del linchamiento mediático.

Justo ayer se quejaban los catalanes (sin barretina) muy cerca del hotel donde fallecía Rita de la persecución legal a la que son sometidos. No dirá lo mismo Pujol, ese zorro-padre de la patria catalana que se escabulle de todo. Y Homs, doliente, se queja de ser entregado como lo fue Rita, que también se declaraba víctima de acoso político-judicial. Pero Homs tiene amigos, todavía. La mitad ya en vía judicial. Aún unidos, parece, mártires de la patria catalana que nace como delincuente, que es en lo que se están quedando los que crecieron a la sombra del pater Pujol de la rapiña sistemática de treinta años. Y tal y tal que diría Gil, otro que sabía más de juzgados que de ideología. Todos a la cárcel, clama la calle. Y ellos se arropan, y cobran y se tapan.

Y en Granada no nos libramos del oprobio, tampoco de este. Alcaldes y ex alcaldes presuntos; la Alhambra de limpieza de esa mugre infinita de audífonos y concursos amañados que eran secretos a voces; y los ERES y los cursos; y en Atarfe también mal de salud, claro. La corrupción a todos iguala, como la muerte cierta.

Presiente la masa que siguen los arreglos en la trastienda, que la transición fue una comedia, que el Rey emérito era el mejor actor después de Suárez, que la casta es solo otro nombre más para el stablishment, las canongías o la clase política de siempre. Que los nuevos tampoco renuevan tanto. Que todo ha cambiado para todo seguir igual, con los coletas también instalados. Que la cultura de la dimisión es lo que nos falta y, sobre todo, más decencia, por su salud claro, por la de todos y la del país, y por no acabar como Rita, sobre todo. DEP.

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