La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

El fin del Susanato

Cabe preguntarse si el éxito de la derecha extrema es fruto de sus méritos propios o de décadas de saqueo

Esta red tupida de estructuras clientelares que, cual tela de araña, se había ido tejiendo en Andalucía a lo largo de décadas tocó el domingo a su fin de manera salvaje, con descalabro electoral y con la llegada de los cruzados anti modernuras de izquierdosos progres que, en esencia, han llegado por quitarles la mordaza a la gente de orden de toda la vida y a cierto catolicismo rancio que no encontraba vehículo con el que expresarse en las urnas.

Cabe preguntarse si semejante éxito de la derecha extrema (realmente, una escisión política del PP de toda la vida donde ya ninguna mente mínimamente honesta tenía dudas de que son demócratas) no es tanto producto de sus méritos propios cuanto de los errores ajenos y el descontento provocado por años, qué digo, décadas de saqueo. Hemos perdido todos, pero tiene su lógica. La imagen de dos ex presidentes, dos, de la autonomía en el banquillo habla más que cientos de estadísticas. Y ese desmán y ninguneo del pueblo, esa vergüenza de saber que un cargo se iba de putas por cuenta del erario público o, en fin y entre otras muchas barbaridades, la imagen de impunidad que han dado estos nuevos señoritos parvenu ha provocado que un electorado rebelde se haya tirado en masa a votar a los de las recetas simples y los remedios quirúrgicos.

Ya pasó hace unos años cuando el personal se tiró a votar a los del 'pudimos', con sus maneras de célula comunista y su acción directa republicana. En aquel tiempo reciente suponía votar a la extrema izquierda bolivariana que nos hablaba de castas y reparto de la riqueza. Ahora el currito de a pie ha preferido otra simplificación no menos anti sistema, la del caudillo reconquistando Iberia a lomos de un corcel brioso y con eslogan de toda la vida. Simple y directo, a las bravas.

La posmodernidad relativista mezclada con el mangoneo llevan al rechazo y el castigo. El Susanato se ha desmoronado y ahora somos todos los que pagamos los platos rotos de esta forma de hacer política en la que llegamos a tragar con ya cualquier cosa por miedo a perder subvenciones y subsidios.

Se abre ahora el tiempo de la incógnita y de escuchar cómo los inútiles dirigentes que sólo saben perder elecciones buscan la bestia negra que ellos han creado a base de mal gobierno para desviar la atención de sus miserias tan míseras, tan susanitas, tan andaluzas.

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