El río de la vida

La granada invertebrada

Entre la pandemia y esa pelea del quítate tú que me pongo yo, la ciudad ha estado varada en donde no es posible el progreso

El Ayuntamiento de Granada ha consumado su harakiri particular. Con la salida del Consistorio de los concejales del PP, ya no hay quien la gobierne esta ciudad. Y sin otro miramiento hacia el ciudadano que el que permiten los egos, la soberbia y el engreimiento, Granada queda como una goleta de poco peso en mitad de una tormenta ya avisada. Todo marcha según la hoja de ruta de Sebastián Pérez.

Hace cien años que se publicó La España invertebrada, ese libro de Ortega y Gasset en el que deja claro que en este país se había preferido históricamente para cargos de responsabilidad a personas de poca valía. Los poderosos y los políticos no querían que sus subordinados les hiciera sombra. Además, los distintos sectores de la sociedad (aristócratas, empresarios, partidos políticos, sindicatos…) vivían en compartimentos estancos y no era fácil el diálogo entre ellos. Han pasado cien años y parece pasar lo mismo, sobre todo en la política. La prueba la están dando ese alcalde y esos concejales que están protagonizando un episodio tan esperpéntico como aquel de 1982 en el que el Partido Andalucista de Granada se vio obligado a cambiar la alcaldía por la de Sevilla y la ciudad estuvo durante un tiempo como aquel boxeador a punto de ser noqueado al que le están dando sopapos por todos lados. Está claro que entre la pandemia y esa pelea del quítate tú que me pongo yo, Granada ha estado varada en ese estado catatónico del que no es posible el progreso. ¿Díganme si no, ciudadanos de Granada, algún proyecto de fuste que se haya llevado a cabo en los últimos dos años en esta ciudad? El alcalde no consulta con la almohada sobre cosas que haya que hacer en Granada, sino sobre los tejemanejes más eficaces para seguir ocupando esa poltrona a la que accedió gracias a un pacto nacional y autonómico y que ahora todos le están reclamando. Tan preocupado está por seguir al mando, aunque levante la mano y no le siga nadie, que no se ha dado cuenta de que ya le es imposible seguir sacando conejos de la chistera. No sé quién, dentro de 50 años, escribirá la historia municipal del periodo en el que ha sido alcalde Luis Salvador, pero seguro que dedicará menos de dos líneas en las que se diga que fue un político que hizo menos de lo que pudo y pudo menos de lo que hizo. Me temo que saldrá del Ayuntamiento ante la indiferencia de todos y sin que nadie derrame una lágrima. La Granada invertebrada, según Ortega.

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