Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

El ojo 'entornao'

Ganivet supo poner por escrito gran parte de las claves de sus paisanos que él mismo debió padecer

Tiempo me costó entender ese mirar como de lado que te dedican algunos paisanos cuando te acercas de improviso a preguntarles cualquier cosa por la calle. También puede que recibas una mirada así cuando te presentan y el susodicho te mira entornando medio ojo y afinando la pupila, haciendo hacia atrás la cabeza y te suelta ese "¿y tú de dónde eres?", pero como si fuera algo malo eso de ser de algún sitio que no sea graná. Hay que experimentarlo para sentir ese malestar que se te queda en el cuerpo, ese sentirte de repente forastero, ese convertirte en apátrida solo con la observación callada, escrutadora, minuciosa de un ojo entornao que te taladra. Te apresuras a dar datos que te sirvan de aval que confirmen tu arraigo ("me encantan las salaíllas, las tapas, las pulevas y las maritoñis" puede que balbucees) pero no servirá de mucho porque el ojo del castizo ya te ha fichao. Aunque lleves en esta tierra más de cincuenta años. Minucias.

Tal pensamiento se me vino a la mente después de leer la estupenda serie que mi compañero Andrés Cárdenas está desarrollando sobre la especial forma de ser que tienen "los de aquí". Entender el dolor disminuye la herida. Y según le iba leyendo, una de las claves puede ser el 'ganivetismo' militante que exhiben algunos.

Aparte de tener una calle en la ciudad, el escritor Ángel Ganivet, cuya fama y renombre traspasó la frontera del Genil y hasta la de Sierra Nevada, fue un gran intelectual que supo poner por escrito gran parte de las claves de sus paisanos que él mismo debió padecer. La tragedia y la desconfianza son algunas de ellas.

Esos excesos del ser se traslucen en un enfoque de rebaño que no solo ha hecho mella en la proyección de la ciudad sino que para poder quedarse en esta tierra hay que dejarse contaminar. Si vienes a instalarte y te van las prisas, malo. Aquí el tiempo fluye según tenga el día el personal y según si llueve o hace sol. Si eres de los previsores, malo también, porque la improvisación es casi consustancial a todo lo que sea acción por esto lares. Y si te miran así esquinao, pues será que sí, que eres forastero y hasta que vienes a llevarte algo de una tierra donde lo de fuera es sinónimo de extraño. Hasta que se demuestre lo contrario, claro.

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