La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

La voz rescatada

Este misterio de que Vox sume adeptos incluso entre la izquierda nos da que pensar

Dándole vueltas a la sorpresa del partido del momento, Vox, caigo en la cuenta que la clave puede estar en el propio nombre, es decir, que Vox significa Voz pero en latín. Podría ser así de sencillo: un partido que quiso dar voz a los muchos que, asustados por el devenir acelerado de los tiempos centrifugados que vivimos, siendo gente apegada a las costumbres de siempre, pues se iban sintiendo, ellos los 'normales', los marginados de una realidad incomprensible e impuesta.

Podría ser. El señor ese de traje y corbata, misa de doce y vermut con el ABC bajo el brazo; la viuda con los hijos colocados y pisos y dinero para hacer la vida que quiere como para ir a tiendas de marca y pagarles el cole a los nietos; el autónomo que abre día a día la tienda desde hace décadas al que esas 'cosas raras' de los gays y el género y la emigración masiva no va con los suyo... Estaban ahí y votaban pero, gente honrada, se quedaron sin partido, sin su PP, avergonzados al verlo pasar de partido a garduña de truhanes.

La política es de todos y para todos. Me molesta la prepotencia de los que, sean del signo que sean, toman los despachos al asalto y gobiernan para los suyos e imponen su visión a los de enfrente, a los enemigos a someter. No es esa una política a largo plazo pues se deshace con el cambio político del mando.

Por eso, este misterio de que Vox sume adeptos incluso entre la izquierda nos da que pensar. Especialmente, porque sus dirigentes no vienen de partidos neonazis o hooligans de ultrasur, sino que son un gajo pepero que se hartó de que sus valores eternos (-el no tajante al aborto, la indisolubiliad de España, la esencia católica patria, el orgullo de las gestas heroicas, la igualdad no beligerante o la inmigración controlada- valores tan respetables como los de los progresistas, se compartan o no, ojo) no tuvieran valedores en una política ya sin principios.

Ese fantasma de 'la extrema derecha', hoy con cara y muchos votos, vendría pues a ser más consecuencia de una laxitud moral de los peperos y, también, de las prisas de la ultra izquierda por cambiarlo todo no para hoy, sino para ayer, cosa que nunca funciona, pues abuelos y nietos integran realidades entre risas en las comidas de los domingos, en esa coral tan hispana de voces año a año, mes tras mes.

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