Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Un zurdo genial

Rafael Nadal supone un espejo en el que mirarse en tiempos en que escasean los referentos dignos de serlo

Araquetazos se ha abierto camino y encima con esa sonrisa suya tan tímida del buen chico que sigue siendo Nadal, un muchacho salido de una isla pequeña que se ha ido comiendo el mundo a base de trabajo, renuncia, nobleza y tesón. Todos le hemos aplaudido. Y por supuesto, yo no me quiero quedar atrás.

Nadie podrá decir que no es ejemplar su trayectoria y, especialmente, su actitud. Metido como está en un mundo elitista como pocos, ha sabido cultivar el amor por sus raíces a pesar del mareo de millones que su esfuerzo le ha traído. Y ganados honradamente, con sudor y lágrimas. Ni el oropel ni la gloria le han llevado a dormirse en los laureles ni a conformarse con lo alcanzado. No. El suyo es un camino sin final en el que el deporte, como disciplina del cuerpo, de la mente y del alma alcanza su valor esencial, es decir, el perfeccionamiento personal.

Despierta admiración en lo profesional (con su 12+1 del domingo y sus 20 Grand Slam con los que alcanza a su antiguo ídolo y ahora amigo en el Olimpo, Federer) pero especialmente en lo personal. Porque se casa y pocos se enteran; porque llega una riada por su terruño y le 'pillan' achicando barro y le da igual, pues lo importante era achicar.

Y todo a pulmón. Año tras año. Torneo a torneo y con la cruz de las lesiones derivadas de un diestro que prefirió ser zurdo con la raqueta para tener más opción. Acertó, claro.

Realmente Rafa Nadal supone hoy un espejo en el que mirarse en tiempos en que escasean los referentes dignos de serlo. Menos mal dicen mucho que nos queda Nadal para seguir creyendo en el ser humano y su aspiración a la grandeza.

Y sin avergonzarse de nada, ojo, sumando en lugar de restar. En días como el de ayer en que muchos no querían ni saber de eso que hemos dado en llamar 'lo español', uno que no reniega de serlo se emocionó ejerciendo de ello con el señorío que le caracteriza. Sin ofender pero también sin dejarse insultar.

Para tomar nota, con la mano diestra o con la zurda, da igual, de toda su trayectoria que bien nos puede servir para creernos capaces cada uno de ser lo mejor de lo que podamos ser en lo nuestro. Porque hay que aprender de los grandes, empezando por Nadal, un héroe real que nos maravilla dentro y fuera de la pista con su humanidad

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