El niño del rollo

La cuesta del pino

Es necesario entender que el patrimonio es de todos aunque la propiedad sea privada

Hace un año el alcalde, nuestro Salvador, presumía de que Granada competiría por ser distinguida como Ciudad Verde Europea. Con este fin -anunció- se plantarían ¡10.000 hectáreas! de arbolado. Hasta ahora hemos visto muchos más árboles cortados que plantados. Quizá nos den el título de Ciudad Europea del Cemento, y no lo digo por la cara del alcalde.

Generalmente no es el Ayuntamiento quien corta los árboles, sino quien contempla cómo otros los cortan sin hacer nada. Ya ocurrió con la innecesaria tala perpetrada por la Junta en la calle Palencia. Esta semana, una comunidad de propietarios, alegando daños en sumideros, ha talado el pino de la cuesta del Pino y el Ayuntamiento no lo ha impedido, pudiendo haberlo hecho.

La cuesta del Pino sube desde el Paseo de las Palmas y cruza la Acequia Gorda. Cerca de esta ya existía en el siglo XVII, según legajos del Tribunal de las Aguas, una Huerta del Pino. No sé si a la cuesta su nombre le viene del pino de aquella huerta, del cortado el otro día o de algún otro. Sí sé que el vecindario acaba de perder un retazo de su memoria y la visión de un árbol viejo y bello. Unas vecinas se congregaron a sus pies para intentar impedirlo y llamaron a la policía municipal. Esta detuvo la tala hasta que el Ayuntamiento comunicó que los permisos estaban en regla. A las quejas que llegaron a las redes algún tuitero replicó que el árbol se ubicaba en propiedad privada y que la tala había sido autorizada.

Con estos mismos argumentos (propiedad privada, permisos) la ciudad ha perdido buena parte de su patrimonio en los últimos siglos. Es necesario entender que el patrimonio es de todos aunque la propiedad sea privada. A los dueños del Castillo de la Calahorra no se les permitiría alicatar la fachada.

El concejal Paco Puentedura lleva años reclamando, sin éxito, un catálogo de árboles singulares. Cuando Podemos-IU se quejó de la tala, la corporación reconoció que un árbol como el de la Cuesta del Pino no puede cortarse tras una simple comunicación previa. Pero, lejos de reconocer su culpa, el equipo de gobierno carga toda la responsabilidad sobre la comunidad de propietarios. Al alcalde le ha faltado llorar. Podríamos gritarle, como un personaje de Alejandro Casona: "¡No te pido lágrimas! ¡Lo que quiero son árboles!" Ahora Nuestro Salvador nos debe 10.000 hectáreas y un pino insustituible.

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